jueves, 4 de octubre de 2012

SOLO DEPENDE DE TI

“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón” 

Así de bien –con una sola frase– lo explicaba Henry Ford. Y creo que daba justo en el clavo porque, a la hora de emprender, lo verdaderamente relevante es el convencimiento personal. 

Mucha gente duda entre empezar o no un proyecto empresarial.   Desde luego existen razones para hacerlo y otras muchas para no hacerlo. Por eso hay que tener claro que la decisión final no depende ni del plan de negocio, ni de la idea, ni del mercado, ni de nada parecido; depende de tu propio convencimiento personal, de las ganas y la determinación que tengas para poner en marcha tu sueño.

Y esto lo digo con conocimiento de causa. ASPgems – mi actual proyecto empresarial– nació de una decisión tomada en un momento crítico, justo después del fracaso de otras iniciativas. 

Simplemente me dije a mí mismo: “Voy a montar una empresa”. Lo cierto es que no sabía ni de qué, ni cuándo, ni cómo, ni con quién. No sabía casi nada. Pero lo hice. Porque, en el fondo, esto es como una profecía autocumplida: cuando estás convencido de que algo va a pasar, acaba pasando; y si al final no pasa, seguro que es porque no estabas convencido del todo.

Contra la intuición

La intuición nos ayuda a tomar la decisión más adecuada en los momentos de urgencia. Pero la intuición también puede jugar en nuestra contra.

Parece un contrasentido pero, en realidad, hay muchas cosas en esta vida que son antiintuitivas. Un ejemplo muy claro es el del esquí. Cuando estás aprendiendo a esquiar y sientes que estás a punto de caerte, lo primero que haces –llevado por tu instinto– es echarte hacia atrás, hacia el lado de la montaña.  Y es entonces cuando acabas en el suelo, sí o sí...

Lo que hay que hacer es justamente lo contrario, lo que parece más arriesgado: echarse hacia delante con confianza. Esa es la única manera de recuperar el equilibrio y de llegar al final del recorrido sin bajarse de los esquís.

En el mundo de la empresa, las soluciones y, muy especialmente, la innovación, son casi siempre antiintuitivas.

Por eso, a la hora de emprender, hay muchas ocasiones en las que nos vemos obligados a luchar contra nuestra propia intuición y lo que a priori parece una locura, muchas veces acaba mostrándose como la auténtica clave del éxito.

Einstein lo explicaba así: “Si una idea no es absurda al principio, entonces no merece la pena”. Otro buen ejemplo es el del dinero. Voy a tratar de explicarlo en el siguiente punto:


Olvídate de la pasta


Si tu única obsesión es el dinero –tanto si se trata de obtener beneficios, como de la venta futura de la empresa– es muy posible que tu proyecto emprendedor no funcione.

Suena extraño. Puede parecer, en cierto modo, anti‐intuitivo. Pero yo creo que hay que olvidarse del dinero. El dinero es una métrica importante. Está muy bien ganar dinero. A todo el mundo le gusta. Pero creo que si te levantas por la mañana solamente pensando en la pasta, estás en el camino equivocado. Es más, creo que si lo que más te preocupa en la vida es el dinero, es mejor que no emprendas.

Es mucho más razonable que te hagas vendedor o banquero de inversiones; en otras palabras, es mejor que busques trabajos con una gran probabilidad de éxito a la horade ganar pasta. Porque la tasa de emprendedores que llegan a ganar una cantidad “significativa” con sus proyectos es extraordinariamente baja.

En definitiva, emprender no es el camino con la probabilidad más alta de conseguir dinero. Y, de hecho, lo más probable –estadísticamente hablando– es que no consigas mucho dinero con tu proyecto.

Busca un objetivo superior



Dado que el dinero no sirve como motivación principal es importante buscar –o descubrir– una especie de “objetivo superior”.  Cada emprendedor tiene el suyo propio.

Cualquiera de los siguientes puede ser válido: cambiar la forma en que se relaciona y se comunica la gente, cambiar la forma en que se gestionan las empresas o, como sucede en mi caso concreto, crear una empresa diferente, donde la gente se encuentre a gusto trabajando, y demostrar así que se puede compatibilizar el trabajo con un entorno creativo y estimulante.

Esta es mi motivación fundamental. La tuya puede ser muy distinta. Pero lo que está claro es que ese objetivo tendría que situarse por encima del dinero y del plan de negocio, y que debería apostar por construir algo distinto, algo diferente a lo que ya existe.

Rompe con los esquemas anteriores



Creo que la mayoría de la gente que emprende lo hace porque no se encuentra del todo satisfecha con lo que hay: bien porque algo no les gusta, bien porque les gustaría hacer las cosas de otra manera. De ahí que la pregunta clave sea: ¿Qué es lo que haces tú de manera diferente?

Estoy convencido de que, si quieres emprender, tiene que haber un punto de ruptura en lo que propones. Debe rías ser capaz de determinar qué parte de los modelos tradicionales vas a romper, si va a ser la cadena de valor de un producto, los servicios que ofreces a la gente, etc.

Piensa que si no rompes de alguna manera con lo establecido, si te limitas a seguir las pautas que te dan, nunca serás capaz de cambiar nada. Y eso puede significar que no tienes nada nuevo, nada valioso que ofrecer.

Planifica para lo ordinario, no para lo extraordinario



No tiene mucho sentido crear una empresa pensando que va a convertirse en el próximo Facebook. Piensa que eso sucede muy de vez en cuando y que no puedes plantearte tu vida y tu proyecto en esos términos.

Es más razonable pensar que tu empresa va a evolucionar como la mayoría. Y deberías planificar en consecuencia, pensando en ese escenario. Si al final resulta que tu proyecto despega, pues bienvenido sea.

Si, a pesar de todo, tu objetivo sigue siendo crear el nuevo Facebook, deberías tener en cuenta –al menos– las probabilidades de fracaso: es más fácil que te toque la lotería; y encima con un riesgo mucho menor...

No hagas mucho caso de lo que te dicen 

Ahora que está tan de moda el tema de la emprendeduría, los inversores y el plan de negocio, yo te diría que pusieras todo eso en cuarentena. Por una razón muy sencilla: no tiene sentido dar por bueno todo lo que dicen quienes hablan de emprender y, en realidad, no han emprendido nunca...

No te creas todo lo que dicen los bancos y los fondos de inversión. He visto a mucha gente cambiar su estrategia de empresa en función de lo que quieren los inversores. Y eso suele ser un error.

Un inversor es un inversor y no tiene por qué conocer tu trabajo, tu objetivo, tu segmento y tu mercado. Lo realmente importante es que tú tengas tu propio proyecto.  Sobre la marcha, en el día a día, podrás ir comprobando las cosas que funcionan y las que no.


Y, sobre todo, no hagas ni #### caso a lo que te estoy diciendo



Yo ya tengo 47 años. Y si tengo que darle un consejo a un emprendedor que empieza, y que tiene menos de 25, le diría, simplemente, que casi todas las ideas brillantes de la Humanidad las ha tenido alguien con menos de 25 años...

Recuerdo que en 1998 asistí a un congreso de emprendedores celebrado en Montecarlo. Allí había unos tíos que se llamaban gamers.com, y que con 21 años habían “levantado” 25 millones de dólares. Estaban sentados al lado de Bill Gates, que en aquella época era el Steve Jobs de hoy.

El caso es que, en un momento dado, el presentador del acto le preguntó a Bill Gates qué consejo les daría a esos chavales. Gates estuvo muy inteligente y respondió algo así como: “No les voy a dar ningún consejo, porque yo con 21 años no hacía caso de los consejos. Y si ahora me hacen caso a mí, lo tienen complicado”.

Así que ya sabes: escucha los consejos, procésalos. Pero sé consciente de que, en el fondo, eres tú el que debe tener su propio punto de vista.

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