miércoles, 3 de octubre de 2012

¡TENGO UNA IDEA!

Un pensamiento que se convierte en una idea, una emoción permanente visualizando esa idea y que no permite concentrarse en nada más. De repente, lo único que importa es desarrollar una estrategia, identificar posibles socios, convencer a los beneficiarios potenciales y silenciar esa voz interior que te hace plantearte una y otra vez si tu idea es realmente innovadora. Si identificas estos síntomas es que posiblemente tú también seas un emprendedor. 

Por supuesto que existen una serie de factores externos que pueden determinar el éxito o fracaso y no se puede lu‐ char contra muchos de ellos. Pero sí se puede estar prepa‐ rado para que, cuando llegue el momento, la nueva inicia‐ tiva se convierta en un triunfo. 

Ese éxito es algo que los emprendedores persiguen, pero lo que realmente importa es ser capaces de levantarse de cada caída. Si una idea no triunfa lo que cuenta es lo que se ha aprendido en el camino para evitarlo la próxima vez. No es una frase para perdedores, porque el valor reside en la capacidad de repetir y repetir hasta lograrlo. 

Pero hay algunas claves que se pueden seguir para hacer más innovadora cualquier iniciativa. Todo pasa por tener claro el objetivo que se persigue y definir las necesidades principales, es decir, analizar y estudiar en qué hay que innovar, qué hace falta en la sociedad, qué puede hacer más fácil la vida a las personas.

Durante el proceso de desarrollo de cualquier idea es importante asumir la iteración, es decir, que cualquier idea cambiará y evolucionará desde su primera concepción. Si a este factor le sumamos una buena gestión del talento colectivo, desarrollando estrategias que permitan la colaboración entre los equipos de trabajo, la experiencia será mucho más rica. 

Esto es lo que beneficia tanto a los involucrados como a la propia idea y facilita que unos construyan sobre lo que otros quieren crear, añadiendo valor sobre valor y acelerando todo el proceso. Dichos equipos suelen ser multidisciplinares y estar muy preparados, ya que innovar es un trabajo duro que requiere un esfuerzo diario de manera sistemática y recurrente.

Antes las empresas se sentían en la obligación de innovar una vez cada década. Hoy cualquier compañía que
quiera triunfar debe reinventarse continuamente. Cualquier compañía debe desarrollar su capacidad de aprender e ir adaptándose con el tiempo a los cambios que surgen y renovarse más rápidamente que sus competidores. 

Dicha capacidad tiene la misma importancia que el resto de factores que tradicionalmente se tienen en cuenta para ser rentable.

Para terminar me gustaría matizar un concepto: está muy extendida la teoría de que los emprendedores tienen en sus manos la solución para asistir a la sociedad en épocas crisis. Esta idea se puede apoyar en el dicho popular que dice que el hambre agudiza el ingenio. Pero no se trata de sentarse a esperar que aparezca la idea genial que revolucionará el panorama mundial. 

Lo más importante es tra‐bajar, probar una y otra vez sin rendirse, elegir el talento y hacerlo colectivo y no perder nunca nuestra capacidad de sorprendernos. El objetivo es que el número de iteraciones de una idea se multiplique cuanto más mejor y así compro‐ bar cuáles pueden funcionar y cuáles no.

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